Realidad y/o ficción.

Jueves, 27 de octubre de 2011.

Cuidadosamente empujo la puerta del metro, sin pensar en el certero golpe de viento que me golpeará la cara en cuanto la dichosa puerta se abra o los miles de proyectiles en forma de panfletos informativos que me agobiarán en la meta, tras las escaleras de la realidad. No tengo prisa, he calculado perfectamente el tiempo del trayecto e, incluso había mirado el tiempo en el móvil antes de salir del vagón. Despejado. Con el paraguas en el bolso, doblado sin mucha atención (como todo en mi vida) porque estaba pensando en cualquier otra cosa. Es extraño en mí que llegue pronto, pero esta vez lo hago y no me pregunto por qué. Todos sabemos que no soportaba estar ni un segundo más en casa... Las paredes me gritaban y me agobiaba pensar que otro día más era jueves. Jueves.

"Siempre en medio, como los jueves."

Y resulta que no están en medio de nada, al menos nada físico. Nada material. Nada que puedas tocar o romper. Nada, al fin y al cabo puesto que para la mayoría del mundo esas son las únicas cosas que importan. Entonces... ¿por qué ese momento en el que yo empujé la puerta del metro fue tangible? ¿Por qué pude tocar el aire que desaparecía con cara de pánico mientras yo lo respiraba y mirar las piernas de mis pensamientos? ¿Por qué en ese instante todo lo invisible se materializó ante mí y uno de los muchos brazos del viento me despeinó? Pude verlo todo. Al sol, con sus zapatillas Nike descoloridas. A las escaleras, fumando juntas un cigarro. A mí misma tras el espejo de la puerta del metro de Madrid que me hacía burla sacándome la lengua... Pero tú no estabas. Había llegado pronto por una vez.

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