Dueles, soledad.

La soledad es un término tan amplio que escribir sobre ella me desborda. Siempre me he sentido, de una manera u otra, sola, pero ahora más que nunca. Todo lo que conocía se encuentra ahora a cientos de kilómetros y… No puedo quejarme, porque fui yo la que la escogió (véase mi afición al masoquismo). De todas formas, la soledad viaja con uno. Yo misma la escojo a cada instante. Cada excusa que digo resulta ridícula dentro de mi cabeza (sí, ahora estoy mala, pero ayer estaba cansada y antes de ayer tenía que hacer un papel en tal sitio; mañana seguramente sean deberes y pasado me dolerá la cabeza o tendré que madrugar al día siguiente…). No soy una persona alegre o no al menos de esas que sonríen todo el tiempo y sin razón aparente. Yo sonrío, claro está,  y a veces incluso no sé por qué lo hago… Aunque esto ocurre en pocas ocasiones ya que para mí las sonrisas son algo muy preciado. A veces incluso siento que soy feliz, pero es en momentos tan fugaces que luego me cuesta recordar los detalles de los márgenes y, sin conseguir formarme un cuadro completo de la imagen de mi felicidad pasajera, ésta desaparece… Los márgenes difuminados van menguando hasta hacer desaparecer esa cálida sensación central de noche de verano bajo las estrellas.
Sé que puedo ser feliz, creo incluso recordar haberlo sido en algún instante, pero la felicidad dejó de ser la meta para mí hace años. Ahora solo busco bordes donde agarrarme para no caer al vacío, ocupaciones que me distraigan para que mi mente piense lo menos posible, alejarme de las hojas en blanco para no tener dónde plasmar mis pensamientos… No hay nada que me haga olvidar, pero hay cosas que me hacen mirar hacia otro lado. Busco la belleza en lugares con olor a moho y no encuentro tu sonrisa por más que rebusque en mi memoria… No, otra vez no. Tengo que alejarme de los pensamientos que hacen daño, dibujar mariposas, sí, mariposas de colores. Cualquier cosa. Ponerme la música más hardcore que exista lo más alto posible y reventarme los tímpanos para no pensar. Duele. Duele tener cosas en la cabeza y no poder sacártelas ni gritando hasta quedarte sin aliento… Dueles.

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