La soledad es un estado del alma.

No hay nada peor para alguien con tendencia a la depresión que ponerse música triste y las mudanzas... Y habla la experiencia.
Mudarse a un lugar donde nada ni nadie es conocido y las cosas siempre van más rápido de lo que puedes entender es más o menos como arrancarte las cejas enfadada. Sabes que duele, pero que incluso va a doler más... Y sabes que si no estuvieses tan enfadada o si consiguieses tranquilizarte todo iría mejor, más suave...
Sin embargo, te conoces y sabes que tu mente se autoprograma para hacerlo todo lo más complicado posible, se empeña en crear bordes puntiagudos y en que todo lo que pincha se meta en el camino por el que va a pasar tu mente. De ese modo, un segundo sola en tu habitación significa miles de pensamientos gritando de dolor porque les oprimen tus propios sinsentidos; pensamientos comprimidos en el espacio más pequeño posible para no pincharse, pensamientos ahogándose, pensamientos que se olvidan en qué piensan...
Es una angustia suave, una de esas que sabes que pasará pronto o que "podría solucionarse si...", pero ahí está: constante, incesante, infinita.

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