El vacío de mi pecho...

Siendo sinceros, mi vida sigue el ritmo que yo he elegido. Siempre voy con prisas y tengo muchas cosas que hacer porque yo misma he decidido no tener ni un momento para pensar. Estar sola en casa me angustia y la sola idea de no tener nada que hacer me pone nerviosa.
Es cierto que todo lo que hago tiene un fin último: no tener tiempo para reflexionar sobre mi vida ni su rumbo, pero aún así, mi cabecita siempre encuentra su hueco, incluso en medio de un grupo de gente o de una conversación o de un examen o estudiando... siempre, siempre, encuentra un hueco para pensar lo mismo: ¿de qué me estoy escapando? La respuesta no es literaria, es real. Tiene una presencia tan clara que sus bordes se pueden tocar e incluso moldear a tu antojo. Intento escapar de esa realidad que, como Sísifo, parece no tener nunca fin. El profundo vacío que siempre intento rodear.
La pendiente del suelo de mi vida está muy inclinada y por más que ande y corra y vuele intentando alejarme del hueco que me persigue (quizá ni siquiera nos movamos), siempre acabo en el mismo sitio y a una distancia justa para no hundirme. Y parar no es siquiera una opción, si parase solo un segundo, me caería al vacío, rodaría hacia el hueco infinito de la nada que parece estar imantado a mi pecho. Todo lo que hago, toda mi vida, toda mi esencia se reduce a ese inútil esfuerzo de alejarme durante unos pocos segundos del vacío infinito. Dándole la espalda mientras corro lo más rápido que puedo pensando en cualquier otra cosa, me creo libre y feliz, a veces incluso llego a olvidar lo que se encuentra detrás de mí, justo a mis espaldas, a un palmo de distancia, esperando (para él el tiempo no transcurre tan despacio) a que me rinda, ruede y caiga.
Pero siempre vuelve, el pasado siempre vuelve.

1 comentario:

  1. Me recuerda a como San Manuel huía de su verdad...
    Recuerda que tú puedes vencer lo que sea, incluso los montruos que habitan en ese vacío. ¡Siempre tendrás mi apoyo!

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